Las pymes necesitan más estrategia, no menos.

Las pymes no necesitan menos estrategia que las grandes empresas.

Necesitan más.

Cuando se habla de estrategia, innovación o transformación empresarial, casi siempre se emplean ejemplos de grandes compañías. Son ellas las que protagonizan los casos de éxito, las metodologías, los modelos de gestión o las nuevas herramientas.

Sin embargo, cuando una pyme busca apoyo para mejorar su competitividad, con demasiada frecuencia recibe una reflexión mucho más simple que la que recibiría una gran organización.

Creo que ahí existe uno de los mayores desperdicios de potencial empresarial.

Y resulta paradójico por varias razones. Porque la mayor parte de la economía española está formada precisamente por pequeñas y medianas empresas; porque generan una parte esencial del empleo y de la riqueza; y, sobre todo, porque compiten en mercados donde abundan empresas extraordinariamente parecidas entre sí.

Con demasiada frecuencia, la conversación estratégica termina reduciéndose a vender más, producir más o reducir costes.

Como si vender más fuera suficiente. Como si producir más barato resolviera por sí solo una pérdida de competitividad.

Pero vender más no resuelve una pérdida de competitividad.

Del mismo modo que producir más barato tampoco resuelve un modelo de negocio que ha dejado de diferenciarse.

Muchas empresas acaban entrando en una huida hacia delante: más actividad, más esfuerzo y más complejidad… para obtener el mismo margen o incluso uno menor.

He visto esta situación repetirse en empresas de tamaños muy distintos.

Las grandes organizaciones suelen enfrentarse a retos técnicamente más sofisticados: estructuras internacionales, procesos complejos, modelos avanzados de gestión o grandes transformaciones tecnológicas.

En las pymes ocurre casi lo contrario.

Sus problemas suelen ser técnicamente más sencillos, pero organizativamente mucho más difíciles. No porque exista menos talento, sino porque muchas han crecido alrededor del esfuerzo de un fundador o de una familia empresaria. Profesionalizar esa organización exige liderazgo, cambio cultural y una forma distinta de dirigir.

Con el tiempo he observado que la mayoría de las pymes terminan encontrándose con dos grandes barreras.

La primera es la profesionalización.

Llega un momento en que deja de ser suficiente contar con personas comprometidas o con relaciones de confianza construidas durante años. La empresa necesita responsabilidades claras, mecanismos de coordinación y capacidad para funcionar como un sistema, no únicamente alrededor del fundador.

La segunda es la competitividad.

También llega un momento en que los márgenes comienzan a reducirse, los productos se parecen cada vez más y seguir creciendo deja de traducirse automáticamente en mejores resultados.

Es precisamente aquí donde más echo en falta una reflexión estratégica.

Las pymes necesitan encontrar formas de diferenciarse, generar más valor para sus clientes y proteger sus márgenes.

No necesitan una estrategia de segunda categoría.

Necesitan la misma calidad de reflexión estratégica que cualquier gran organización.

No cambia el rigor.

Cambia la forma de aplicarlo.

Porque una pyme no merece una estrategia más sencilla.

Merece una estrategia mejor adaptada a su realidad.

Una pyme no compite mejor haciendo más esfuerzo.

Compite mejor encontrando una forma diferente de crear valor.

Y toda estrategia empieza respondiendo una única pregunta.

¿Qué nos hará realmente diferentes?